¿Trastorno de…? …Y se abre un abanico de posibilidades

“Paciencia madres, paciencia padres, paciencia maestros, paciencia hijos, todos necesitamos más paciencia, la vida no es fácil, pero se puede tratar todas las veces que sean necesarias. Paciencia para educar, paciencia para ser educado, los vínculos siempre son de ida y vuelta. Pero el apego es del niño hacia sus cuidadores, no al revés, la crianza requiere un nivel de postergación de las necesidades del adulto, es durante unos años intensamente, en beneficio de sus hijos, y luego esa demanda paulatinamente disminuye. Acelerar la autonomía nunca resulta sin daños colaterales. Aprovechen la pre-escolaridad de sus hijos, empápense de ella, apréndansela, porque nunca un ser humano los va necesitar tanto”. A. Pallamares

  • ¿Qué es un trastorno?
  • ¿Cuándo o cómo puede determinarse que existe un trastorno?
  • ¿Es necesario recurrir a la medicación o no?
  • ¿Qué ocurre en los ambientes escolarizados?
  • ¿Toda conducta inapropiada debe ser tratada químicamente y con especialistas?
  • ¿Siempre existe un compromiso neurológico?
  • ¿Altera o retrasa el aprovechamiento y rendimiento académico?
  • ¿…? Lista interminable…

En consulta son preguntas persistentes y acompañantes infalibles de padres angustiados en la búsqueda de guía pues el sistema escolarizado detectó algo diferente en la respuesta de su infante o adolescente, si bien las canalizaciones que realizan las escuelas, en la mayoría de los casos, son en extremo oportunas también las hay fuera de contexto. Ahora bien, responder a cada una de ellas sería interesante y exhaustivo, sin embargo exponerlas tiene como propósito abordar la dicotomía actual: Por un lado, en el último cuarto del siglo pasado, aún no existían definiciones tan precisas de las alteraciones anímicas, mentales, conductuales, sociales…, y mucho menos especialidades concretas que las tratasen, a los menores se les tipificaba como: inquietos, flojos, desobedientes, retadores, groseros, distraídos…, y como tales se les trataba hasta el punto donde la familia daba por hecho que no habría forma de ajustarlo a la norma que exigía es ese momento la inserción social, sin embargo un entorno seguro favorecía: el movimiento, exploración, creatividad, habilitación neuronal expansiva. Bueno…, también prevalecían los correctivos físicos y castigos obsoletos que no lograban su cometido. Por otro lado, en la actualidad se ha disgregado con detallada minuciosidad toda conducta admisible o no para el correcto funcionamiento social, al punto de otorgarle nombre sofisticado o complejo, el cual tergiversa la comunicación que el infante o adolescente manifiesta sordamente a través de acciones temerarias, estado de ánimo contrastante, verbalización aguda o silencio espeluznante. Ahora, favorecidas por la era electrónica, realidad virtual, redes sociales, telefonía móvil…; tienen arribo conductas que el propio entorno inseguro favorece como: depresión, abandono, estrés, desafío, negación, empoderamiento…, y que los menores desconocen pues carecen de la habilidad intelectual, emocional y física para comprenderlo. Infancia y Adolescencia actuales sufren, imploran silenciosos ser contenidos respetuosamente, y requieren del acompañamiento permanente de adultos segurizantes, significativos y comprometidos.Un ejemplo: ¿Quién es el niño desafiante? Es el niño que: ü  Reta el principio de autoridad y se torna inmanejable para sus progenitores y docentes. ü  Tiene pocos límites y una postura amenazante frente a compañeros, habitualmente resuelve diferencias por medio de actos violentos. Es temido dentro del grupo. ü  No teme a las amenazas o castigos y se enfrenta de manera irreflexiva sin medir consecuencias. ü  Constantemente se pone en riesgo a sí mismo y a otros sin evaluar resultados. ü  Puede permanecer solo antes que permitir ser ayudado. ü  Denota una profunda desconfianza en su grupo de origen y con sus iguales. ü  Enfrenta sus conflictos insultando, actuando impulsivamente y sin datos de arrepentimiento. ü  Llora en pocas ocasiones y mira a los demás de manera desafiante y agresiva. Llanto de frustración. ü  Le cuesta reconocer su responsabilidad y generalmente justifica sus actos señalando a los demás como provocadores. ¿Cuál es el origen? Es circunstancial acorde a tiempo, modo y espacio.

  • Hijos de padres irritables o pasivo-agresivos.
  • Hijos de madre poco tolerante e intrusiva.
  • Hijos de padres reactivos o inflexibles.
  • Hijos de segundas uniones, con hermanos mucho mayores y con distancia intergeneracional.
  • Hijos de madres depresivas, con poca contención.
  • Hijos de madres ansiosas con baja consistencia emocional (tolerantes/intolerantes).

¿Qué hacer? Confluir en el encuentro de soluciones. v  Entender que es una problemática familiar. Terapia familiar y/o Talleres de acompañamiento familiar. v  Construir elementos de contención afectiva. Capacitación e inclusión de orientadores familiares. v  Límites claros, vinculantes y asertivos. Acuerdos familiares, privilegiados por el diálogo. v  Formación de redes de contención en los espacios educativos. Talleres de expresión y contención emocional para padres y maestros. v  Empleo de medicamentos, en casos severos, bajo vigilancia médica y psicológica. El ejemplo clarifica protagonistas y antagonistas en una conducta disfuncional tipificada como trastorno. Concluyendo: ¿Existen los trastornos? , aunque NO toda conducta fuera de contexto debe evaluarse como tal. La invitación constante, a padres y docentes, es agudizar los sentidos para ser veraces en: diagnóstico, pronóstico y estrategias de intervención. ¡¡¡Rescatémonos y rescatemos amorosamente a las futuras generaciones. Vamos!!!